El centro Madre Teresa de Calcuta atraviesa una encrucijada. Dedicado a brindar atención a niños con discapacidad sin cobertura médica, la institución ha llegado a un punto de saturación donde la oferta disponible no alcanza a cubrir la demanda creciente.
Operando de manera completamente gratuita, el centro recibe a menores de hasta 11 años que enfrentan barreras para acceder a servicios de salud convencionales. Su trabajo es vital en comunidades donde alternativas médicas son escasas o inexistentes. Pero esa misma vitalidad ha traído consigo un problema difícil de resolver: cada vez llegan más familias buscando ayuda.
El fundador de la institución no esquiva la realidad. Con sinceridad, reconoce que «ya no podemos atender a todos los que vienen». La frase resume el agotamiento de una organización que trabaja hasta el límite intentando responder a necesidades que, en teoría, deberían ser cubiertas por sistemas públicos más amplios.
Una lista de espera en expansión constante es la evidencia más concreta del problema. Familias aguardan días, semanas, buscando un turno que les permita acceder a evaluaciones, terapias o seguimientos que sus hijos requieren.
Para muchos padres y madres, la existencia del Madre Teresa de Calcuta no es un lujo: es una necesidad absoluta. Sin este centro, la mayoría no tendría acceso alguno a atención especializada para sus hijos con discapacidad. Por eso su colapso operativo representa más que un problema administrativo: es un síntoma de que algo falla en el sistema de salud integral.
Imagen: Polina Tankilevitch / Pexels – Con informacion de La Nación






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