El año 1978 marcó el inicio de una historia empresarial que comenzó en condiciones muy básicas. Tres hermanos, enfrentando restricciones económicas significativas, encontraron en la producción avícola una oportunidad de generar ingresos. Con el dinero proveniente de sus ventas de verduras, decidieron apostar a faenar pollos de manera artesanal, sin contar con tecnología ni instalaciones de gran escala.
Lo que fue un emprendimiento de subsistencia derivó, décadas después, en una empresa de dimensiones considerables. Hoy, Bonin opera con aproximadamente 800 empleados y ha expandido sus negocios hacia mercados de exportación. La evolución es notoria: de la faena manual a operaciones sistematizadas en una avícola capaz de abastecer tanto demanda nacional como internacional.
El crecimiento de esta firma familiar ocurrió gradualmente, mediante la reinversión de utilidades y la incorporación de mejoras en infraestructura y procesos. Los hermanos Bonin mantuvieron la gestión de la empresa mientras adaptaban sus operaciones a cambios tecnológicos y de mercado. Esta capacidad de transformación resultó clave para pasar de lo artesanal a lo industrial.
Actualmente, la empresa enfoca recursos en el agregado de valor de sus productos avícolas. Esta estrategia permite mejorar competitividad en exportaciones y acceder a segmentos de mayor rentabilidad. El agregado de valor representa una vía común para que empresas agropecuarias argentinas potencien su presencia en mercados globales.
La trayectoria de Bonin ilustra un patrón recurrente en el sector rural: pequeños emprendimientos que, mediante esfuerzo y decisiones estratégicas, alcanzan escala empresarial considerable. La persistencia de los hermanos Bonin y su apuesta continua al crecimiento posicionan a la compañía como un referente en el sector avícola argentino.
Imagen: Diego Rendon / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo





Deja una respuesta