El director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguízamo, explicó que el cambio al sistema de cápita cerrada para médicos de cabecera estuvo motivado, en gran parte, por la detección de desvíos importantes en el esquema anterior.
Las auditorías que el organismo retomó desde el inicio de la gestión revelaron un número importante de médicos que transmitían prestaciones que no habían sido efectivamente realizadas. «Están hechas las denuncias correspondientes y la justicia está investigando», afirmó el funcionario, quien aclaró que ante irregularidades que generan un perjuicio económico al instituto.
El nuevo sistema de cápita cerrada, que elevó el valor por afiliado de $946 a $2.100, permite al PAMI ejercer una trazabilidad mucho más precisa sobre la atención que recibe cada afiliado. Leguízamo explicó que ahora el organismo puede identificar con claridad a los médicos que subprestan.
También llevó tranquilidad a los afiliados al asegurar que la atención está garantizada y recordar que ante un inconveniente, «Pueden cambiarse de médico de cabecera si el suyo no los atiende como corresponde».
A modo de cierre, Leguízamo remarcó que las negociaciones con los médicos de cabecera continúan abiertas y que los $2.100 de cápita son el punto de partida de un proceso que seguirá avanzando. «Nosotros no tenemos la verdad absoluta. Se puede ir mejorando con el tiempo en mesas de negociación», afirmó. El funcionario cerró con una definición que sintetiza el eje de la gestión: «Focalizamos en el afiliado. El afiliado tiene que recibir lo que realmente necesita.»





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